33.Tarjeta amarilla, roja y expulsión.

709 Likes, 10 Comments - Melsy's Illustrations © (@melsysillustrations) on Instagram: “Tonight’s vibes “Bubbles and Bathing” coming soon (available in different hair and skin tones).…”

Cambié su contacto en mi teléfono por “el cansino”. Aparecía cada dos meses, como por arte de magia. Ahora, solo podía llamarme, porque lo tenía bloqueado de todas las plataformas habidas y por haber.

Una tarde, contándole esta misma historia a una amiga, mientras tomábamos un café, descubrí algo.

Mi amiga, quería ponerle cara y como había borrado todo rastro de él de mi teléfono, decidí googlearlo. Debía aparecer.

Búsquedas: Axel futbolista, Axel futbolista del (nombre del equipo)…

Nada amigos. Ni en respuestas Yahoo.

Busco, directamente, en la página oficial del equipo. Ahí debe salir. Y salía. Salir, lo que es salir, salía, pero no en el apartado de jugadores. Anda que no le di vueltas a la web hasta encontrarlo.

Resulta, que formaba parte del equipo técnico, pero que de futbolista tenía lo mismo que yo. Como cuando juega el equipo de tu país y si gana, dices “Hemos ganado”. Pues él lo mismo. “Hoy jugamos en…” “Hoy tengo que entrenar a las…”. Que digo yo, ¿un readaptador deportivo entrena? ¿Cómo entrena? Y la incógnita mayor, ¿cómo tubo la cara de pedirme que fuera a verlo a algún partido? ¿Quería que lo mirara sentado en el banquillo? o ¿en la grada? ¿Dónde se sienta un readaptador? Y ¿Por qué se presenta como futbolista? ¿Me presento yo como hija de Amancio Ortega por trabajar en un Zara?

Qué ganas de decirle mentiroso a la cara. ¡Te descubrí! Sólo me has tenido engañada meses, listo. Y las ganas me pudieron. No pude esperar a que volviese a llamar. Lo llamé yo.

-¿Hola?

-Hola Axel. ¿Qué tal?

-¿Hola?

-Hola si, hola. Eso ya me lo has dicho.

-¿Me estás llamando?

-Eso parece.

-¿Por error?

-No, queriendo.

-Vaya, me sorprendes. Esto no me lo esperaba. Pues tú dirás.

-Me he acordado de ti. ¿Te apetece que nos veamos?

Yo misma me estaba sorprendiendo. Quería decirle cuatro cosas. Ninguna buena y ¿estoy intentando quedar con él? Luego me quejo.

-¿Quieres que nos veamos? Y ¿Por qué?

-Lo cierto es que no lo sé. Me apetece.

Y en ese “me apetece”, lo vi claro. Quería tirarme a Axel. Sólo me había traído quebraderos de cabeza hasta el momento. Había enfocado la relación de forma errónea. Sí, físicamente me gusta, pero es un mentiroso, que jamás tendría como novio, ¿por qué no vernos y terminar lo que empezamos? En mi defensa diré ,que en mi cabeza, no sonaba mal.

Axel, por supuesto, aceptó. Con ansias de nuevo, para no variar. Quería ya. Hoy. Y le dije que sí. ¿Para qué iba a hacerme la dura?

En cuanto nos vimos, vino a abrazarme y durante este abrazo, pude notar, su “alegría” al verme.

-¿Vamos a cenar?

-Ahórratelo.

-¿No tienes hambre?

-Tengo, pero no es necesario que me lleves a cenar. Podemos saltarnos la cita.

-No te entiendo.

¿Quién está desconcertado ahora eh, Axel?

Me acerco y me dejo caer sobre él. Sutil. Si no se entera con esto, sacaré un preservativo del bolso. Pero se entera.

Y todo fue bien, hasta que acabamos y le dije que me iba a casa.

-Me gustaría que hablásemos.

-Y a mí me gustaría que no te presentases como futbolista cuando no tocas un balón.

-No sé de qué hablas.

-Déjalo. A estas alturas, me da lo mismo.

-¿Para qué me has llamado entonces?

-¿No ha sido obvio?

El resto del camino estuvimos en silencio. Yo lo preferí. No llegamos a ninguna conclusión cuando hablamos y después de ese encuentro, supe que tampoco llegaríamos a ninguna parte, físicamente hablando. Al menos, por mi parte. Así que, daba por concluida mi aventurilla con el futbolista readaptador. Pero él, no. Y siguió llamando. Al principio, pidiendo oportunidades. “Estoy arrepentido” “Lo hice mal” “Empecemos de nuevo”. No me lo creí. ¿Quién podría?

Después pasó a llamar de madrugada. Menos arrepentido y con más ganas de otro asalto. Hasta que un día me sinceré e hice, lo que pensé que serviría, para que dejase de llamar.

-“No somos compatibles. Ya no hablo de caracteres, me refiero en la cama. No te lo tomes a mal, pero no llego a ningún sitio contigo. Y siendo así, no veo la necesidad de volver a vernos, así que por favor, deja de llamar”.

-Vale.

Y colgó. Y yo pensé que sería suficiente para él. Me sentí incluso mal. Pero, para que seguir alargando algo, que sabes que no va a llegar a ningún sitio, lo mires por donde lo mires.

Me encantaría deciros que no volvió a llamar. Pero lo hizo. Incansable. De esto, han pasado dos años, y él sigue. Espero no tener ningún momento de debilidad y en una de esas, pulsar el botón verde.

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32. Segunda parte del partido.

 

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-Tienes que irte.

-¿Me explicas que pasa?

-Mi abuela está subiendo.

-¿Tu abuela no estaba en una residencia?

-Pero a veces, viene de visita.

Mi confusión era tal, que no sabía si ponerme las bragas o  prepararle la merienda a su abuela, pero no me dió mucho tiempo a pensar.

-Date prisa. Mira, hacemos una cosa: Te vistes y te vas. Luego, yo cojo mi coche y me encuentro contigo en tu ciudad, cenamos juntos y te explico todo.

¿Qué hay que explicar? ¿Por qué tenemos que cambiar de ciudad? ¿Por qué tengo que irme? Y el fin de semana romántico ¿para cuándo? Ya no tiene ansiedad por pasar unos días juntos, ni necesita que sea ya. Ahora, solo necesita que me vaya.

Cojo mi coche y vuelvo a casa. No entiendo nada y dudo de todo. ¿De verdad era su abuela? Una parte de mí, pensó en quedarse escondida en su portal, para ver quién subía. Pero no lo hice. Muy mal por mi parte. Ahora, no tendría las dudas que tengo.

Y dieron las 7, las 8 y las 9 y Axel no aparecía. Su abuela se había debido quedar a preparar bizcocho, porque no me lo explico.

Me fui a cenar con Nina. Definitivamente, no podía quedarme en casa esperando. Ni esperando, ni pensando en la infinidad de posibilidades, que se me pasaban por la cabeza, respecto a él y su abuela.

A eso de las 10, llamó. Yo, iba conduciendo, así que le dije a Nina, que atendiese ella. Axel, como si nada, le proponía quedar los cuatro. Diréis: ¿Qué cuatro? Pues resulta, que aquí el enano, porque a estas alturas ya le estaba cogiendo tirria, estaba cenando con un compañero del equipo y quería hacer cita doble. A ver, ¿me haces venirme a los 20 minutos de tu casa, porque viene tu abuela, no vienes a cenar conmigo como tú mismo me propusiste, porque estas con un colega, y ahora quieres cita doble? Necesito un croquis. ¿Alguien encuentra la explicación a esto? Agradecida le estaría.

Paro el coche, porque yo al volante soy muy prudente y le quito el teléfono a Nina.

-¿De verdad, tú te crees que sin hablar nada contigo me voy a ir de cita doble? ¿Y la explicación? ¿Y la cena? ¿Y tu abuela?

-A ver, no te pongas así. Vienes y hablamos. Una vez aquí te explico lo que quieras. Pero si venís, podemos tú y yo hablar y mi amigo y tu amiga conocerse. Piensa un poco en ellos. Puede estar bien.

-¿Qué soy yo, Emma García? El que no estás bien, eres tú. No pienso ir a ningún sitio. Cuando empieces a cumplir lo que dices, hablamos.

-No tengo ganas de discutir. Te lo vuelvo a repetir, ven y hablamos.

-No pienso ir a ningún sitio más por ti. Hoy, ya has gastado todos los kilómetros que te correspondían y no ha merecido la pena.

-Venga Abril. Hasta luego.

Y le colgué. ¿Qué se cree este, que lo voy a seguir como una fan? Pues va listo. Con arrepentirme de haber movido el culo por él una vez, me es suficiente.

Pero es que, no supe nada de él durante un mes. Si, un mes. Un mes pensando en la abuela y en sus ansias por pasar tiempo conmigo, por verme aunque fuesen 5 minutos. Todo se había esfumado, menos mis dudas.

Hasta que un día, recibo un mensaje.

-¿Me explicas dónde estás?

¿Me explicas tú a mí por qué estás tan loco? Pensé que se había equivocado. No podía aparecer de la nada y de esta forma, pero me equivocaba. Llamada entrante:

-¿Dónde estás?

-¿A quién llamas?

-A ti, Abril. ¿Dónde estás?

-No te pienso decir dónde estoy. ¿Qué quieres?

-Verte.

-Pues no me vas a ver.

-He estado en tu trabajo y me han dicho que no trabajas ya allí. ¿Dónde estás? ¿Sigues enfadada?

Cambié de tienda, gracias a dios. Solo espero que al preguntar por mí en mi anterior trabajo, no montase “el numerito”. ¿Por qué me tienen que tocar a mí todos los inestables? ¿Qué le pasa a este chico?

Le cuelgo. Me aburre mucho su insistencia. Aparece y desaparece de la nada. ¿Me ha dado un mes para ver si se me olvidaba “el asuntito de la abuela”? Pues no. Aquí siguen las dudas. Ahora, sumadas con el enfado por desaparecer sin dar ninguna explicación. Y aquí no acaba la cosa. No, no. Siguió llamando y llamando…

31. La primera parte del partido.

70 Likes, 2 Comments - Brittany Fuson (@brittanyfuson) on Instagram: “Our July cover girl ”

Y al día siguiente me llamó. Quedamos para cenar y llega tarde. 30 minutos esperándolo y encima, aparece con calcetines blancos. Que poquito me gusta esperar y que poquito los calcetines blancos con zapatos negros. Manías.

Su excusa para llegar tarde es que aún, el club, no le ha alquilado un piso y viene desde su ciudad. Pues sal antes ¿no? Digo yo.

La cena fue bastante bien. Fuimos a una pizzería, donde yo me deleité comiendo mientras él me seguía contando su vida. Al despedirnos, la cosa se empezó a poner intensa, así que puso el motor en marcha de nuevo y a los 5 minutos, estaba en un descampado. Súper romántico. Y ¿lo mejor?  Aquí, al amigo, no le gusta protegerse. Así que de vuelta a casa.

De verdad, no entiendo a los chicos que no me conocen de nada y se niegan a usar preservativo.

-“Es que no me gusta”.

-Pues recoge que nos vamos.

Pero la cosa no quedó ahí. Al día siguiente volvió a llamarme.

-Oye, perdona por lo de ayer. Tenías razón. ¿Puedo recogerte, cuando salgas de trabajar?

Le dije que no, porque ya tenía planes, y a pesar de eso, al salir de trabajar ahí estaba él. Me volvió a pedir perdón y me abrazó. Debo ser muy abrazable, porque sino no me lo explico. Y aquí se abrió la veda. Empezó a llamarme y allí donde estuviese aparecía, me daba un abrazo, hablábamos 5 minutos y se iba. También tuvimos alguna que otra cita más.

Una noche, al salir de trabajar, tenía como 6 llamadas perdidas suyas y algún que otro mensaje:

“¿Dónde estás?” “Me has mentido” “He ido a buscarte y no estabas” “¿Por qué no me coges el teléfono?”

No me dio tiempo a devolverle la llamada cuando mi teléfono sonó de nuevo. Un Axel muy alterado, que no había conocido hasta ahora.

Se había equivocado de tienda y pensaba que le había mentido. Sí, trabajo en una tienda, por si no lo había contado hasta ahora. Se disculpó de nuevo, pero esta vez no me había gustado lo que había visto, así que le dije que me diera unos días. Con suerte, alguno de los dos nos olvidaríamos. Y así fue. Yo y mi nulo rencor. Así me va.

Días más tarde, me propuso un fin de semana juntos. ¿Suena bien? Pues no. No suena bien. Su idea era recogerme a las 4 de la mañana, al llegar de un partido. Jugaban en la quinta puñeta y volvían en bus. No era un equipo de primera como podéis ver. Y yo, que vivía con mis padres, le veía lagunas a su plan. “Papá y mamá, me voy de madrugada a no sé dónde y vuelvo en dos días”. No lo veo. Así que le propuse ir al día siguiente, pero se negó. Encaprichado en que me fuese a las 4. Lo tuve llamándome hasta la 1, que  apagué mi teléfono. Bendito modo avión.

Enfadadísimo. Llamándome cabezona. Así eran los mensajes que pude leer a la mañana siguiente. Otra neura por su parte…

Unas horas más tarde, se le había pasado el cabreo como por arte de magia y me llamó.

-¿Vienes?

Y fui. Sí. Me va la marcha.

Me abre la puerta envuelto en una toalla. Qué casualidad, que no sabe calcular, el tiempo que iba a tardar en llegar y lo pillo saliendo de la ducha. ¡Pues fuera toalla!

Estamos en su sofá, sin ropa, dispuestos a…y suena su teléfono.

-Tengo que cogerlo.

-Está bien (aunque no lo estaba).

Se va, teléfono en mano. Vuelve.

-Tienes que irte.

-¿Cómo? ¿Qué pasa?

Hagan sus apuestas…

30. El futbolista

 

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Esta historia comienza una noche de verano, con la inauguración de una nueva discoteca en mi ciudad. Os ahorraré detalles innecesarios e iré al grano. Yo, con dos copas de más y un chico rubio, en la barra, que me sonríe.

Lo cierto es, que  no me da tiempo a pensar si me parece interesante o no, cuando ya lo tengo a dos pasos.

-¡Hola!

-Hola.

-¿Estás sola?

Y es, cuando me doy cuenta, que estoy sola. ¿Dónde se han metido estas?

-Eh… parece que sí.

Miro alrededor y consigo ver a Mabel, una de mis compañeras de trabajo, hablando con un chico. Picarona.

-Eso puede cambiar.

¡Uy! que lanzado el chiquitín. Porque es bajito, pero muy guapo. Rubio, ojos azules y unos brazos que no puedo dejar de mencionar. ¡Que me pasa con los brazos! Me ciego.

-Soy Axel. ¿Y tú eres…?

Axel, rubio, tiene cara de guiri, pero no. Es de mi misma provincia y vive a 40 minutos de mi ciudad. La distancia se acorta. No está tan mal. Pero no. Relaciones a distancia no queremos más. Así que si pasa algo con Axel será “royo casual”. Avisados quedáis todos.

Me cuenta, que ahora vive en mi ciudad. por trabajo. Es futbolista. Pues que bien, ya no hay distancia. Problema que me ahorro. Y aquí viene la peguita. Alguna tenía que haber. Es más pequeño que yo. Mucho más. Pero no es menor. No lo ha fichado el alevín. 5 años de diferencia. Tampoco es tanto ¿no? Bah, qué más da. Una aventurilla.

Aparecen mis amigas y él se presenta. Parece muy seguro para la edad que tiene. Me auto convenzo. Venga, que igual es maduro.

Nos invita al reservado. Están allí todos los jugadores del equipo. Yo no conozco a ninguno, ya que de fútbol…poquito. Y allí eché la noche, mientras Axel me contaba cosas que no recuerdo. A eso de las 5, me empezó a entrar un sueño importante. No sé si por tanta charla, las horas, las copitas o una mezcla de todo. Así que me dirijo a coger un taxi y Axel se ofrece a llevarme. No ha tomado alcohol, porque es muy healthy él, así que acepto. Me lleva a casa y antes de que me baje de su coche, me pide una cita.

-Me gustaría verte mañana.

Yo ya estoy pensando en la resaca que posiblemente tendré, así que me mantengo callada, mientras hago una mueca. También estoy un poco sorprendida. Lo normal es que me hubiese besado y que acabásemos en el asiento de atrás.

-¿Me das tu número y mañana te llamo?

-Apunta.

Le doy las gracias por traerme y me despido. Mientras me bajo de su coche, él también lo hace. ¿Lo siguiente? El beso.  Y que beso…

29. Nuestro final

 

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A pesar de saber que él estaba con otra, no pude evitar culparme. Aunque los odié, me culpaba. Culpé a la distancia, a los miedos, a las inseguridades…culpé hasta al examinador que no me aprobó el carnet de conducir. Suspendí yo, lo sé, pero me era inevitable pensar, en qué hubiera pasado si yo hubiese estado más presente. Si hubiera ido más a verlo, si me hubiese mudado…Seguía pensando en dar, a pesar de que todas mis divagaciones, ya no servían para nada. Seguí con ellas mucho tiempo más. Demasiado. Me aferraba a algo que ya no existía. Al menos para mí.

Aún me quedaba un lazo. Facebook, y todas sus publicaciones. Al principio solo lo veía a él feliz, de fiesta y con amigos, pero no tardó en llegar el repertorio de la nueva pareja. Fotos. Alberto y Lola juntos en el parque, Alberto y Lola juntos en su casa… Aquello era peor que la colección de libros de “TEO va a…” ¿Era necesario repetir todos los pasos que había vivido conmigo, pero esta vez con ella? Había fotos que me recordaban tanto a las nuestras, que las comparé. Nos comparé. Me estaba flagelando y no sabía cómo salir de ahí.

Por suerte, alguien aparece en el momento adecuado, cuando ya piensas que nada puede ir a peor. Pero antes voy a terminar de despedir a Alberto. Porque resulta, que apareció de nuevo. Tres veces.

La primera: Un me gusta. Es muy triste, lo sé. Había pasado mes y medio de la ruptura y en mi opinión, fue equivocado. Es raro que le diese a me gusta a un comentario, de una de mis amigas, llamándome guapa ¿No creéis? Pensé que me cotilleaba y me hizo feliz. ¡Con que poquito señor!

La segunda: Dos meses después. Aún, estando con Lola. Me escribió. Por whatsapp y por Facebook. Supongo que pensó que lo tendría bloqueado y quería que me llegara de alguna forma. Guardaba mi número. Eso fue lo primero que pensé y me hizo ilusión. Así de pava soy. Aunque llegados a este punto, creo que no os sorprenderá.

“Hola Abril, soy Alberto, quería desearte unas felices fiesta y espero que estés bien, de verdad. Un beso.”

Era navidad sí, nochevieja. ¿Quería dejarme atrás? ¿Pasar de año con la conciencia tranquila? ¿Se había acordado de mí? ¿Nostalgia? Supongo que nunca lo sabré. Mi respuesta:

“Gracias Alberto, felices fiestas también para ti y los tuyos. Espero que seas muy feliz. Un beso.”

Fin. Leído. No hubo más dialogo. ¿Tendría que haberle dado pie? Supongo que no. Seguía con ella. ¿Para qué dejarle hacerme daño de nuevo?

Falta la tercera y última aparición hasta la fecha, pero no puedo dejar de contaros lo que pasó entre medias.

Rompió con Lola. O Lola con él. No lo sé. Ella empezó con otro chico al poco tiempo y él fue enlazando relaciones que duraban de entre 2 a 4 meses. Facebook me iba informando. Al tercer cambio de chica, dejó de doler.

Y finalmente, la tercera aparición:

Lo vi. Dos años después. Una tarde, caminaba tranquilamente por un centro comercial de mi ciudad, cuando noté que alguien me miraba. Levanté la cabeza y ahí estaba él. Sentado en una cafetería con una chica. ¡Anda mira, esta es nueva! A ella no conseguí verle la cara, pero por el pelo no era la última que Facebook me había mostrado. Eso o se había hecho una permanente.

Nos quedamos mirándonos, fijamente. Ninguno de los dos fue capaz de decir nada y fue entonces cuando salí corriendo. Sí, corriendo. Era eso o ponerme a llorar allí mismo. Debió pensar que era tonta, pero poco me importaba ya lo que pensase de mí.

Verlo, me removió todo. Recordad que la última vez que lo vi, me despidió con un beso. La situación era muy rara. Así que me fui a los probadores de Zara a recomponerme y luego salí por otra puerta. Me monté en mi coche, (aprobé poco después de la ruptura) y con la canción más triste que llevaba en el USB, me fui a casa. Puesta a estar triste, lo hago bien.

Y hasta aquí os puedo contar. Ojalá, no le hayáis cogido mucho cariño a Alberto, porque espero no tener que nombrarlo en un futuro. Lo siguiente será hablaros sobre mi recuperación. Le puse ganas. Ya lo iréis viendo.

28. La razón.

 

NOTA: MARCA DE AGUA SE UTILIZA PARA PROPÓSITOS EN LÍNEA ÚNICAMENTE. NO APARECE EN LA ILUSTRACIÓN  Impresiones: -Se trata de un grabado de la ilustración de moda de mi obra de arte original disponible en 3 tamaños diferentes (5 x 7) (8 x 10) (11 x 14) -Impreso en grueso profesional y papel de arte de calidad premium (80 lb papel libre de ácido con acabado mate)   Llegan -3-5 días laborables (puede tardar más tiempo en épocas de alto volumen o si una orden es modificada para requisitos particul...

Y de verdad, me dejó. Se mantuvo firme en su decisión y yo le recriminé haber jugado conmigo. Incluso pensé que el amigo del rumor tenía razón. Estaba conmigo por estar. Bueno, estuvo.

Seguía sin entender nada. Analicé y analicé. Repasé al detalle toda nuestra relación. En dos semanas se había desmoronado entera. Pero  ¿por qué?

Tres días después, el amigo del rumor contactó conmigo. Quería ofrecerme su apoyo y conocerme más. ¿Alguien entiende algo?

Llevaba tres días hundida en la miseria y ¿ahora llega su mejor amigo a ligar conmigo? ¿Qué clase de broma es esta?

-No me parece bien.

-A él no le importa, tranquila. Es más, le gustaría que fueras feliz.

Con esa frase, me terminó de rematar. A ver si me entero: Había hablado con Alberto y ¿nos daba su bendición?

Una cosa es que no quiera estar conmigo y otra que ya me haya olvidado. ¿De verdad le resulto tan indiferente que no le importaría verme liada con su amigo?

Me los imagino a los dos hablando y lo único que puedo hacer es llorar. Entre la tristeza y la rabia estoy.

Aún quedaba algo de esperanza en mí. Esperaba que volviera. Que me echase de menos. Que al menos se interesase por saber cómo estaba. Algo. Pero no apareció y pocos días después supe por qué.

A escasos diez días de la ruptura, seguía sin tener noticias de él. Tuve que borrar su número porque estuve tentada muchas veces a hablarle. También borré nuestras fotos de mi teléfono, no sin antes asegurarme de hacer una copia en mi ordenador. Bueno, también las metí en un USB. Por si acaso.

Y cuando ya estaba empezando a asimilar que no volvería, me dieron el último empujoncito.

Meli, mi prima, me llamó una mañana. En su voz noté que estaba enfadada, pero estaba dando vueltas y vueltas y no terminaba de saber el por qué. Pues bien, ahí va la bomba.

-Tengo que contarte algo.

-Dime.

-Es sobre él.

-¿Qué pasa?

-Lo he visto en su coche. No iba solo.

-Continua.

-Iba con una de las camareras del bar donde solíais ir.

-¿Qué? ¿Cuál?

-No sé su nombre, pero he preguntado y es una chica que tenía novio. Por lo visto lo dejó hace unas semanas.

Me cayeron todas las piezas. Era ella. Era por ella. Lola. Llevaba dos años con su novio y lo dejó justo cuando mi relación se empezó a ir al traste. Cuando el empezó a ir más al bar…

Le mandé a mi prima su foto y me lo terminó de confirmar. Era ella. Y no solo los había visto en su coche. Sabía que estaban juntos. Ya se paseaban por el pueblo como si nada. A rey muerto, rey puesto. Por eso me dejó. Por eso cambió. Por eso daban igual mis intentos. De ahí sus celos y sus miedos. Justo era él quien estaba haciendo cosas que no debía. Pero ¿por qué me hacía encontrarme con ella? ¿Por qué ella fue tan perra de reírse de mí cuando no me llevó a la boda? ¿Por qué se sentaba a hablar conmigo si le gustaba mi novio? ¿Para sacarme información?

Me sentí muy tonta. En mi cara. Con ella. ¿No me merecía al menos que me dijera que estaba sintiendo algo por otra persona? ¿No se lo merecía nuestra relación?

Joder. No ha podido hacerlo peor. Y ya no es solo que ya haya rehecho. Es que lo hizo antes de dejarme por Whatsapp. No me lo merecía. Y nuestra relación, este final de mierda, tampoco. Pero si creéis que esto es todo, estáis equivocados. Albertito tenía más sorpresas bajo la manga.

27. Despertar.

 

Se quedó dormido. Sí. Después de llorar y pedirme un tiempo se durmió. Nuestras últimas horas juntos, antes de coger mi autobús de vuelta, él dormido plácidamente. No sé cómo puede. Yo, no he pegado ojo en todo el fin de semana. Ni dormir, ni comer.

Mientras duerme, recorro la casa y me paseo por el jardín. Una parte de mí, siente que debe despedirse. Espero equivocarme. Nunca esperé algo tan intensamente, pero cada hora que pasa dormido, me hace perder las pocas esperanzas que me quedan.

Decido escribirle algo. Un poco por despedirme, otro, por hacerle cambiar de opinión. Ya sé que no se ha decidido, pero que dude, me hace pensar que no me quiere tanto como decía. ¿Cómo puede el amor acabarse tan rápido? Y ¿por qué en mi perdura?

Se despierta, se ducha y me lleva a la estación. Se despide con un beso. Un halo de esperanza se instala en mí. Aún quiere besarme.

Una vez en el autobús, me escribe:

-Avísame cuando llegues.

Se preocupa. ¿O no?

Me cuenta que se va al bar, con los amigos. De lo afectado que está tendrá que airearse. Ha debido de pensar tanto mientras duerme, que no me asombra. A este paso, decidirá si quiere estar conmigo o no en mes y medio. Me enfada. Todo. Que duerma, que se airee, que dude. Si no dudase, no me molestaría nada. Estaría feliz. Tranquila. Una vez allí, no vuelvo a saber nada de él. Me dice que me escribirá cuando haya decidido algo. Qué bien. Qué tranquilidad.

Horas después, Facebook me deslumbra con una foto de él con sus amigos. Sonrisa de oreja a oreja. Esta es la primera vez que verlo feliz me duele. Me siento mal por no alegrarme de su felicidad, pero ¿y la mía? ¿Soy yo la única que tiene un nudo en el estómago, que no la deja vivir? Pues eso parece.

¿Habrá leído la nota? Antes os contaba que le escribí algo. Un último recurso para ablandarle el corazón. La guardé en su cartera, así que a la hora de pagar en el bar la debería ver.

“Gracias por estos meses y por haberme mirado como lo has hecho. Te quiero.” Echaba tanto de menos esa mirada… Vuelve. Por favor, vuelve a mirarme así. Recuerda. Esos sentimientos tienen que estar por alguna parte. No han podido escaparse sin más.

Esa noche, dormí a duras penas. Pero, si llego a saber lo que me esperaba a la mañana siguiente, hubiese retrasado el despertar.

Un mensaje de whatsapp señores. Él, todas las mañanas me daba los buenos días, pero hoy fue distinto. Nada de bonitos despertares. Cuando cogí mi teléfono y comencé a leer, se me paró el mundo. Literalmente. No podía reaccionar. No entendía lo que estaba viendo. No podía creerlo. No quería creerlo.

“Lo siento mucho, pero he estado pensando y creo que lo mejor es que no estemos juntos. No me siento como antes, no estamos bien y no quiero que nos hagamos daño.” No. No. No. Leía una y otra vez sus palabras. Me parecían una broma. Pero, si me quería, ¿Cómo puede dejarme por whatsapp? ¿Esto me merezco? ¿Tan poco? ¿Cuándo ha pensado? ¿Mientras dormía? ¿De verdad me deja?