33.Tarjeta amarilla, roja y expulsión.

709 Likes, 10 Comments - Melsy's Illustrations © (@melsysillustrations) on Instagram: “Tonight’s vibes “Bubbles and Bathing” coming soon (available in different hair and skin tones).…”

Cambié su contacto en mi teléfono por “el cansino”. Aparecía cada dos meses, como por arte de magia. Ahora, solo podía llamarme, porque lo tenía bloqueado de todas las plataformas habidas y por haber.

Una tarde, contándole esta misma historia a una amiga, mientras tomábamos un café, descubrí algo.

Mi amiga, quería ponerle cara y como había borrado todo rastro de él de mi teléfono, decidí googlearlo. Debía aparecer.

Búsquedas: Axel futbolista, Axel futbolista del (nombre del equipo)…

Nada amigos. Ni en respuestas Yahoo.

Busco, directamente, en la página oficial del equipo. Ahí debe salir. Y salía. Salir, lo que es salir, salía, pero no en el apartado de jugadores. Anda que no le di vueltas a la web hasta encontrarlo.

Resulta, que formaba parte del equipo técnico, pero que de futbolista tenía lo mismo que yo. Como cuando juega el equipo de tu país y si gana, dices “Hemos ganado”. Pues él lo mismo. “Hoy jugamos en…” “Hoy tengo que entrenar a las…”. Que digo yo, ¿un readaptador deportivo entrena? ¿Cómo entrena? Y la incógnita mayor, ¿cómo tubo la cara de pedirme que fuera a verlo a algún partido? ¿Quería que lo mirara sentado en el banquillo? o ¿en la grada? ¿Dónde se sienta un readaptador? Y ¿Por qué se presenta como futbolista? ¿Me presento yo como hija de Amancio Ortega por trabajar en un Zara?

Qué ganas de decirle mentiroso a la cara. ¡Te descubrí! Sólo me has tenido engañada meses, listo. Y las ganas me pudieron. No pude esperar a que volviese a llamar. Lo llamé yo.

-¿Hola?

-Hola Axel. ¿Qué tal?

-¿Hola?

-Hola si, hola. Eso ya me lo has dicho.

-¿Me estás llamando?

-Eso parece.

-¿Por error?

-No, queriendo.

-Vaya, me sorprendes. Esto no me lo esperaba. Pues tú dirás.

-Me he acordado de ti. ¿Te apetece que nos veamos?

Yo misma me estaba sorprendiendo. Quería decirle cuatro cosas. Ninguna buena y ¿estoy intentando quedar con él? Luego me quejo.

-¿Quieres que nos veamos? Y ¿Por qué?

-Lo cierto es que no lo sé. Me apetece.

Y en ese “me apetece”, lo vi claro. Quería tirarme a Axel. Sólo me había traído quebraderos de cabeza hasta el momento. Había enfocado la relación de forma errónea. Sí, físicamente me gusta, pero es un mentiroso, que jamás tendría como novio, ¿por qué no vernos y terminar lo que empezamos? En mi defensa diré ,que en mi cabeza, no sonaba mal.

Axel, por supuesto, aceptó. Con ansias de nuevo, para no variar. Quería ya. Hoy. Y le dije que sí. ¿Para qué iba a hacerme la dura?

En cuanto nos vimos, vino a abrazarme y durante este abrazo, pude notar, su “alegría” al verme.

-¿Vamos a cenar?

-Ahórratelo.

-¿No tienes hambre?

-Tengo, pero no es necesario que me lleves a cenar. Podemos saltarnos la cita.

-No te entiendo.

¿Quién está desconcertado ahora eh, Axel?

Me acerco y me dejo caer sobre él. Sutil. Si no se entera con esto, sacaré un preservativo del bolso. Pero se entera.

Y todo fue bien, hasta que acabamos y le dije que me iba a casa.

-Me gustaría que hablásemos.

-Y a mí me gustaría que no te presentases como futbolista cuando no tocas un balón.

-No sé de qué hablas.

-Déjalo. A estas alturas, me da lo mismo.

-¿Para qué me has llamado entonces?

-¿No ha sido obvio?

El resto del camino estuvimos en silencio. Yo lo preferí. No llegamos a ninguna conclusión cuando hablamos y después de ese encuentro, supe que tampoco llegaríamos a ninguna parte, físicamente hablando. Al menos, por mi parte. Así que, daba por concluida mi aventurilla con el futbolista readaptador. Pero él, no. Y siguió llamando. Al principio, pidiendo oportunidades. “Estoy arrepentido” “Lo hice mal” “Empecemos de nuevo”. No me lo creí. ¿Quién podría?

Después pasó a llamar de madrugada. Menos arrepentido y con más ganas de otro asalto. Hasta que un día me sinceré e hice, lo que pensé que serviría, para que dejase de llamar.

-“No somos compatibles. Ya no hablo de caracteres, me refiero en la cama. No te lo tomes a mal, pero no llego a ningún sitio contigo. Y siendo así, no veo la necesidad de volver a vernos, así que por favor, deja de llamar”.

-Vale.

Y colgó. Y yo pensé que sería suficiente para él. Me sentí incluso mal. Pero, para que seguir alargando algo, que sabes que no va a llegar a ningún sitio, lo mires por donde lo mires.

Me encantaría deciros que no volvió a llamar. Pero lo hizo. Incansable. De esto, han pasado dos años, y él sigue. Espero no tener ningún momento de debilidad y en una de esas, pulsar el botón verde.

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